Adaptable 1

viernes, 15 de enero de 2016

Los detalles en la relación



Varones–Hembras.
Hombres–Mujeres.
 Men–Women.
Caballeros-Damas.

 Son las palabras que suelen utilizarse para la distinción de géneros, particularmente para diferenciar los baños.

Estas últimas, “Damas y Caballeros” fueron las que me hicieron pensar y surgió la idea para este post, mientras esperaba a mi esposa que se retocaba (lo dicen ellas) en el baño.

        Es absolutamente cierto que la novedad emociona y estoy convencido de que la novedad, paradójicamente,  es renovable, sucede por ejemplo con tu árbol de mango, todos los años esperas la cosecha. Renuevas  tus rosales al podarlos y es emocionante cuando florecen las nuevas rosas. Todos los días sale el sol; pero hay amaneceres espectaculares; no obstante, en muchísimas parejas, pasado los años,  ya no hay novedad, baja la emoción, descienden los niveles de pasión y ¡pum! caen en la monotonía; por cierto, una  cosa difícil de superar en una relación.

Si te pones a hacer un ejercicio e imaginar porque tu pareja te  recordaría,  seguramente llegarás a la conclusión de que sería difícil olvidarte, básicamente, por todas esas pequeñas cosas que hacías; lo que se salía del contrato social, el extra, el valor añadido; por ejemplo:

“Todos los viernes me compraba flores”.

“Cada vez que nos molestábamos me hacía un chiste para que riera”.

“Todas las mañana me llevaba el café a la cama”.


“Siempre me abría la puerta del automóvil”.

“Solía sacarme la silla para que me sentara”, etc.

Esas pequeñas cosas se denominan detalles; un factor o comportamiento que coadyuva al crecimiento del amor entre las parejas.

Y es, querido amigo, aunado al hecho de que definitivamente, la caballerosidad está en desuso; debemos considerar que infortunadamente en muchas relaciones, pasado el tiempo, se van perdiendo esos detalles, verdadera génesis de los “ya no” que se oyen en las reuniones de féminas y se repite mucho en consulta:


“Ya no vamos al cine”.
“Ya no me saca a cenar”.
“Ya no me lleva a bailar”.
“Ya no vamos  a la playa”.
“Ya no me besa en las mañanas”
“Ya no va a las reuniones familiares”
“Ya no hablamos…se sienta a ver televisión”. 
“Ya no me dice nada cuando me arreglo el cabello”. Largo etcétera.

Por eso comencé este post con las palabras Damas y Caballeros no como fórmula de inicio de un evento, sino con la firme intención de realzar que ellas siempre, siempre son damas, y nosotros nunca deberíamos dejar de ser caballeros; y una buena, sencilla e inmediata forma de ejercer la caballerosidad, es tener (o retomar, si es el caso) detalles. No es necesario llevarles (aunque impacta mas) el ramo de rosas; con una flor es suficiente. No me creas a mí, pregúntale a tu novia, esposa; ella validará mis palabras.

Ese desgano que en oportunidades dejamos acumular con los años y que lleva a la indiferencia por esas cosas que luego nos parecen insulsas y espantosamente cursis, hacen notables distinciones a las que siempre hago referencia cuando hablo acerca del comportamiento cuando novios versus esposos, intentaré ilustrarlo:

      Cuando son novios, salen de una fiesta,  ella  bella, como llegó. Él sale inmaculado: los cabellos, todos en su lugar. La corbata en su sitio, el saco puesto, se lo quita si, y solo si, su dama tiene frio; en ese caso procederá a colocarlo, con mucho cuidado, sobre los delicados hombros de su pareja. Abrirá la puerta del copiloto diciéndole: “adelante reina”, para que ella suba.  

    Arreglará el largo vestido a los pies de su novia y cerrara la puerta con suavidad. Correrá y se sentará en su puesto. Cierra y asegura todas las puertas.  Enciende el auto, ajusta el sistema de aire acondicionado a una temperatura adecuada, recordando que ella tiene frio.  Luego le sonreirá al preguntarle que quiere escuchar.  Elegirá en el estéreo la melodía que le solicite. Moverá la palanca para poner la velocidad, la abrazará trayéndola hacía sí, ignorando la ley física que dice que –al menos en este universo- es imposible que dos cuerpos puedan ocupar el mismo espacio;  y se desplazará suavemente por la calzada.

 Pasado el tiempo en las mismas circunstancias, será algo parecido a esto:
         Salen de una fiesta, ella bella, como llegó. Él, despeinado con la corbata de bandana, con un vaso en una mano. La otra dándole vueltas al saco sobre su cabeza mientras grita lo bueno que estuvo la fiesta. Se toma un trago, que derrama sobre la camisa. Se limpia con la manga y va hacia el carro buscando las llaves que no consigue.  Mientras suena la alarma, coloca el vaso sobre el techo del auto.  Con dificultad abre la puerta, enciende el carro y arranca en zigzag  volteando el vaso, mientras su esposa corre dándole golpes a el maletero para que se dé cuenta que ella no se ha subido aún.

Hay un círculo vicioso que se crea cuando se olvidan los detalles, irremediablemente causa de la disminución de la emoción (aquella que mencioné vinculada a la novedad) y esto obviamente desmotiva  y  desacelera la pasión, lo que terminará por anular, en el otro integrante de la pareja, cualquier intención de agregar esos aderezos.

Así que si estás interesad@ en no caer en la horrible monotonía que algunas parejas heredan de sí mismos, es supremamente importante que obligatoriamente (fea palabra) se trabaje de manera bilateral, bidireccional o unisex, como mejor lo consideres, en fomentar los detalles, algo que no es desconocido para ti, pero probablemente cayó en desuso; la buena noticia es que hoy es un buen día para retomar esa sana costumbre e introducir cambios en la relación.

         Ya sabes, si me quieres leer, estoy aquí.
        
         Nos encontraremos en el futuro y en las redes sociales.
         
         ¡Un abrazo robusto!